Patrono

Thomas Morus fue valiente, porque él no escogió el camino cómodo de la adaptación al espíritu de la época; porque luchó solitariamente contra la prepotencia de la autoridad estatal; porque siguió sin compromisos su conciencia cristiana hasta la muerte.

Ya como hombre joven demostró su valentía cuando siguió a su inteligencia razonable y se opuso públicamente al rey Enrique VIII de Inglaterra, cuando éste exigió del parlamento 90.000 libras con motivo del casamiento de su hija Margarita. Entonces, sólo uno de los muchos diputados se opuso y éste fue Thomas Morus quien argumentó en el Parlamento en forma tan convincente que, finalmente, todos los parlamentarios se envalentonaron y rechazaron la petición del rey.

Enrique VIII estaba indignado y se vengó pero no en Thomas Morus, porque éste poseía muy poca fortuna, sino en su padre a quién encerró en prisión hasta que pagó una multa de 100 libras.

Más tarde, protestó nuevamente Thomas Morus por motivos de conciencia contra el rey de esta manera puso su vida en juego. Al soberano, no le bastó ser solamente el dominador de su país, sino que exigió ser el jefe máximo de la Iglesia de Inglaterra, a pesar que esto le correspondía al Papa en Roma. Enrique VIII exigió a sus subalternos un juramento de reconocimiento de la superioridad real sobre la Iglesia. Al que rehusara hacer este juramento, se le consideraría traidor. Casi todos prestaron juramento: Los parlamentarios, los obispos, los profesores de las Universidades, los empleados del Gobierno y también los amigos de Thomas Morus. Solamente, un par de monjes, el arzobispo de Rochester John Fischer y Thomas Morus – el más alto empleado real – no se intimidaron por las amenazas del rey y no prestaron juramento. Ellos querían obedecer más a Dios y a su conciencia que a la autoridad real.

Los monjes fueron los primeros ejecutados y luego mutilados.

El arzobispo fue decapitado. Thomas Morus fue procesado por alta traición. Fue condenado y tuvo que esperar su ejecución 15 meses en la Torre de Londres.

Como todo hombre, tenía miedo a la muerte. Tuvo indescriptibles luchas de conciencia. Sin embargo, esto no lo llevó a traicionar su convencimiento interior y su creencia religiosa.

En una carta, desde la prisión escribe a su hija Margaret: “Por naturaleza, soy un poco quejumbroso, y estoy un poco atemorizado.

Pero ante estos temores frente a la muerte, en ningún momento se me ha pasado por la cabeza, aprobar algo que vaya contra mi conciencia y contra Dios”.

En su último regreso a la celda, se llevó el hacha como muestra de que su vida estaba perdida y tuvo tiempo para rezar antes de despedirse de la vida y pedir a Dios compasión para todos aquellos que le habían hecho mal Oró diciendo:

“Sé indulgente con sus faltas como también con las mías, tu infinita sabiduría encontrará los medios rnisericordiosos para logran perfeccionarnos a todos para salvar nuestra almas y estar cerca de ti y de los Santos en reino de los cielos.”

Aquí crece la valentía de Thomas Morus más allá de él. En vista de su muerte, menciona incluso a sus enemigos – con amor cristiano hacia el prójimo – y reza por la salvación de sus almas.

Una excelente biografía se puede encontrar en Aciprensa

Escritos de `Sir Thomas More´ en la torre de Londres